Antes de 1980 se vendían lápices  de varios colores, hasta que ese año la compañía “L&C Hardmuth” de Austria introdujo un nuevo lápiz para dibujo de gran calidad que tenía varios grados de dureza y cuyo exterior estaba pintado de color amarillo.

El lápiz tuvo tal éxito, que a partir de entonces el color amarillo se convirtió en sinónimo de calidad, así que pronto otros productores comenzaron a fabricar lápices con ese color.

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